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El Silbón

Silbón

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

Esta historia trata del Silbón, un tenebroso espectro de un hombre que está condenado a vagar eternamente por las llanuras y bosques con un viejo y harapiento saco al hombro en el que; según cuentan, lleva huesos humanos. Este espíritu maldito es descrito por muchos como un gigante alargado de hasta seis metros de altura, suele estar entre los árboles llevando un sombrero de paja.

Avanza sigilosamente emitiendo un silbido inquietante y perturbador que entona las notas musicales de forma ascendente hasta el tono de «FA» y bajando hasta el «SI». Dicen que este espantoso sonido es presagio de muerte.

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La leyenda del Silbón

Si escuchas de cerca el silbido, no debes preocuparte, eso significa que el Silbón está muy lejos y no corres peligro. Pero si lo escuchas de lejos ten cuidado, tal vez sea demasiado tarde para ti. Se cree que la leyenda se remonta al siglo XIX. Existen muchas versiones de la historia. En una de las más extendidas el Silbón fue un hombre que vivía con sus padres y abuelos y solía ir a los lugares silbando, de ahí su nombre. Desde pequeño, se crió como un niño mimado al que se le consentía todo. Gritaba y lloraba hasta conseguir siempre lo que quería.

Cuentan que un día el muchacho, sentado a la mesa, desprecio la comida que su madre le había preparado diciendo que tenía ganas de comer un ciervo asado. Su padre, angustiado, le prometió que conseguiría uno para cenar esa noche. Entonces el chico y su padre fueron al bosque, pero tras varias horas de cacería, el padre no encontró ninguna presa y volvió con las manos vacías. El joven hambriento se enfureció tanto que asesinó a su padre en un ataque de ira; y con el cuchillo de caza le saco las vísceras para tener algo que cenar.

Al llegar a casa puso las entrañas sobre la mesa y le pidió a su madre que las cocinara. Ella algo desconfiada comenzó a hacer preguntas y cuando se dio cuenta de que eran las tripas de su marido las que estaba cocinando, entró en pánico. El abuelo, que se había enterado del asesinato decidió enseñarle una lección a su malvado nieto. Lo amarró a un árbol y golpeó su espalda a latigazos hasta que la sangre brotó en abundancia. Después echó ají (pimiento) y limón sobre las heridas para que sintiera el insoportable ardor.

El joven fue desterrado, maldecido y condenado a vagar hasta el fin de los tiempos enviado al “perro tureco” o “perro del diablo” tras él para que lo persiguiera. Por eso, el ladrido de los perros, el ají y los látigos (dale con el látigo) suelen espantar al silbón.

Deambulando por los bosques

Desde entonces deambula por bosques y llanuras, con su silbido característico y un saco mugriento donde guarda los huesos del cadáver de su padre. Dicen que se para en la entrada de las casas para contar uno a uno los huesos del saco. Si las personas de la casa logran verlo o escucharlo no les pasara nada.

Pero si nadie se percata de su presencia, a la mañana siguiente, algún miembro de la familia aparecerá muerto y añadirá los huesos de esta a su colección. A veces, aparece en forma de sombra para atacar a los borrachos y mujeriegos. A los primeros les succiona el aguardiente que tiene en el cuerpo por el ombligo y a los mujeriegos, los despedaza arrancándole los huesos.

El Silbón en Colombia

La leyenda del Silbón está también presente en el folclore colombiano y en algunas regiones es conocida por el nombre de “El Silbador” o “El Chiflón”. La versión de Colombia habla del alma en pena de un mujeriego que murió en soledad; y simplemente busca la compañía de alguien para montar a caballo. Aunque otras historias más siniestras cuentan que alguien cercano a quien oye su silbido morirá.

Si el silbido es agudo será mujer y si es grave, hombre. Son muchos los que aseguran haber visto al silbón en verano sentado en los troncos de los árboles descansando mientras juguetea con polvo entre sus manos. Pero, es sobre todo en tiempo de lluvias cuando está hambriento de muerte. 

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