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Ayuwoki

Ayuwoki

Tiempo estimado de lectura: 9 minutos

Me desperté por la noche, algo había cambiado en mi habitación. Un conejo de peluche junto con una vela y una rata corriendo por la habitación muy nerviosa, delante mía estaba pintada una cara siniestra parecida a «Michael Jackson». Decidí inspeccionar la habitación y para sorpresa mía me encontré más dibujos siniestros en las otras paredes. Cogí y echándole coraje salí por la puerta encontrándome en el pasillo a oscuras con una de sus luces parpadeando. 

Había una vela en una mesa y la cogí sin pensarlo dos veces. Me fui al final del pasillo donde había unos ventanales bastante deteriorados, a través de las ventanas vi que había una tormenta con una fuerte lluvia. Estaba muerta de miedo, no entendía qué estaba pasando. Me dirigí a la biblioteca y había un libro que destacaba del resto, al ponerlo bien se abrió una pared secreta que llevaba a una sala de vigilancia que yo desconocía completamente. 

Encontré una caja de electricidad pero no podía enchufar nada porque faltaba un fusible y salí a buscarlo por la casa. Al salir al pasillo escuche unos pasos, un susurro, me asuste, tire la vela y me metí debajo de una mesa. Espere un rato y escuche que algo o alguien se comía una rata. Cuando dejé de escuchar el ruido, volví a coger la vela y fui al almacén, no me esperaba que hubiera cadáveres encerrados en bolsas negras.

Luchando por mi supervivencia

Como no encontré nada me fui directa al teatro y note como una presencia me seguía y allí estaba… el «Ayuwoki». Conseguí encontrar una llave tirada en el pasillo, sabía que esa llave era para abrir la puerta blanca del fondo del pasillo, me tocó salir corriendo porque el Ayuwoki me perseguía con muy malas intenciones. Cuando abrí la puerta vi que me llevaba al mismo sitio, entre en una especie de bucle. Escuché que un niño gritaba con terror pidiendo ayuda, intenté abrir la puerta pero estaba cerrada.

No podía estar mucho rato allí, el Ayuwoki lo tenía al acecho, tenía que buscar una solución para abrir la puerta donde estaba el niño y salvarlo de aquel personaje de terror. Me puse a indagar en otros rincones de la casa y casualmente me encontré con una palanca. Con dicho objeto en mi poder podría abrir la puerta del niño, pero seguía teniendo un problema ¿Cómo podría deshacerme del Ayuwoki?

Recordé hace un rato escuchar a alguien comerse una rata ¿podría ser el alimento de este ser monstruoso? Sin pensarlo dos veces decidí cazar una rata y dársela, y así fue, resulta que al Ayuwoki le encanta devorar ratas. Mientras el monstruo estaba distraído comiendo yo aproveche para abrir la puerta del niño con la palanca que había cogido.

La habitación del niño

Cuando abrí la puerta el niño ya no estaba, me encontraba ante una habitación con las paredes llenas de sangre, tiene pinta de que no se avecina nada bueno. Investigando por la habitación me encontré con un fusible tirado en el suelo, sin embargo, al lado había un cuchillo muy afilado, así que, decidí coger el cuchillo y el fusible. Me propuse salir de la habitación, estaba dispuesta a matar al Ayuwoki con el cuchillo si se cruzaba por mi camino. 

Empecé a andar por los pasillos muerta de miedo con aquel puñal entre mis manos temblorosas. Tenía que ir directa a aquella habitación secreta que encontré anteriormente, recuerdo que había una caja de electricidad que le faltaba un fusible. Estoy más que segura que obtendría algunas respuestas de lo que estaba pasando aquí. Mientras ando por el pasillo, escucho un portazo ¿es acaso el Ayuwoki? ¿Me está buscando? 

El terrorífico Ayuwoki

Me meto debajo de una mesa, quiero matar al monstruo, pero tengo miedo. Me espero un rato allí pero no veo a nadie pasar, salgo de debajo de la mesa siguiendo mi camino y de repente, noto algo en mi tobillo izquierdo, me doy media vuelta y allí está, es el Ayuwoki que consigue tirarme al suelo. Rápidamente me defiendo con mi cuchillo y se lo clavo en la mano para que me suelte. Esto no puede ser real (me digo a mi misma varias veces mientras salgo corriendo), no obstante, consigo entrar en aquella sala de vigilancia, la habitación secreta.

Cierro la puerta para estar bien segura de que el Ayuwoki no pueda entrar en la sala, le pongo el fusible que faltaba en la caja de electricidad y adivina lo que pasa, se encienden todos los monitores. Me pongo a mirar grabaciones que hay y me encuentro con una sorpresa, veo como el Ayuwoki mata a mis padres y a mi me deja con vida ¿Por qué hace algo así el monstruo? Necesito salir cuanto antes de la casa y avisar a la policía, por otro lado, hay algo en mi que no lo quiere hacer, una parte oscura en mi empieza a florecer, quiero vengar a mis padres y matar a esa entidad tenebrosa.

La opción más correcta sería escapar del Ayuwoki, pero como he dicho antes, quiero venganza. Desconozco totalmente porque me ha dejado con vida, pero juro que pienso arrebatarle la suya. Salgo de la sala secreta furiosa y con ganas de guerra, ya no le tengo miedo y voy en su busca, le llamo gritando mientras me recorro la casa, pero no aparece ¿Dónde esta ese maldito engendro? Vuelvo a escuchar ese fastidioso ruido de cuando se come una rata, me guio por lo que escuchan mis oídos y allí esta ese maldito engendro.

Un tenebroso final

Me lanzo como una loca para clavar mi puñal en su cuello, pero la bestia consigue esquivarme, vuelvo a atacarle una y otra vez, sin embargo, me esquiva y me suelta un golpe en la barbilla que me deja paralizada. Mi cuchillo se queda tirado en el suelo a 15 centímetros de mi mano, tiene una fuerza sobrenatural. Me agarra del cuello mientras escucho sus sonidos de Ayuwoki en su forma más tenebrosa de lo que haría Michael Jackson, no puedo respirar casi, no veo que pueda ganar esta batalla. Aun así, la bestia se acerca a mi oído y me dice:

Es hora de que llegue tu final, hija mía…

Mientras me va susurrando estas palabras desconcertantes al oído, noto que empieza a salir de mi una fuerza descomunal. Consigo alargar más el abrazo hasta coger el puñal y de esta forma clavárselo en la yugular. El Ayuwoki cae al suelo, parece que ya es mío, desato toda mi rabia en el engendro apuñalándolo esta vez en su ojo derecho, ya es mío, no tiene escapatoria, así que decido darle un toque final. Dejo el cuchillo y con mis dos manos empiezo a estrangularle, ojo por ojo, diente por diente, y esta vez soy yo la que le susurra al oído:

Prepárate para tu final y recuerda mi cara, pues es la última que veras en tu vida.

El Ayuwoki se ríe y muere, parecía imposible, pero acabe con él. No obstante, mi cuerpo empieza a cambiar, empiezo a transformarme, mi boca se hace más grande al igual que el tamaño de mis colmillos, afilándose raramente como si de un lobo se tratase. Mi piel se oscurece, mis manos se convierten en garras y empiezo a parecerme a él ¿Es algún tipo de maldición? Ahora que pienso, me susurro “hija mía”. ¿Significa esto que realmente el Ayuwoki era mi padre? ¿Es este mi legado? Que raro, pero ahora soy yo la que necesita pegar un bocado de una buena rata.

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