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Enfermera Asesina

Enfermera Asesina

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

La historia de la «Enfermera Asesina» comienza cuando Mel llegaba tarde del trabajo. Ya era la cuarta vez que se quedaba dormida, y el día anterior le habían avisado de que la despedirían si volvía a ocurrir. Por ese motivo iba a tanta velocidad que no pudo esquivar el camión que venía de frente.

Despertó en el hospital un par de horas más tarde, con un brazo enyesado, y la cabeza y el tórax vendados. Justo cuando empezaba a ser consciente de donde estaba, entró una enfermera a la habitación, donde había cinco personas más ingresadas. Venía a traerles el almuerzo. Y cuando le dio la bandeja a Mel, sus miradas se enfrentaron durante un par de segundos.

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Slenderwoman

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¿Dónde está mi familia?

Aquellas miradas era suficiente como para saber que un escalofrío recorriera todo su cuerpo. Entonces la joven enfermera le ordenó que le diera su teléfono, alegando que estaba prohibido tenerlo allí por seguridad de los demás pacientes. No estaba muy convencida, pero al final hizo lo que pidió. El tiempo fue pasando y llegó la hora de las visitas. Se extrañó de que todos los ingresados estuvieran con su gente cercana menos ella. 

Mel pidió permiso para llamar a su familia y saber si había ocurrido algo. El permiso le fue denegado. Llegó la noche, y debido a la preocupación, no consiguió conciliar el sueño. Eran las tres de la mañana cuando, entre la oscuridad, vio a una persona entrar a la habitación y situarse ante una de las camas. “¿Dónde me llevas? “A dar un paseo” fue la respuesta. Reconoció al instante la voz de aquella enfermera que tanto terror le había provocado. 

Ella observó como aquella figura se llevaba al enfermo. Al día siguiente seguía faltando una de las camas. No se atrevió a preguntar, pero sabía que lo que había visto no era normal. Ese día tampoco fue nadie a visitarla, y le dieron la noticia de que pasaría mínimo cuarenta y ocho horas más allí. Empezó a pasarlo realmente mal. A pesar de su preocupación, cuando anocheció cayó rendida por la falta de sueño.

La desesperación de Mel

Al levantarse, faltaba otra de las camas. Sabía que aquel paciente todavía no había recibido el alta. Decidió preguntarle a la enfermera, empezaba a desconfiar de aquel hospital, y pensó que quizás se estaba volviendo loca. La enfermera le comentó:

“Falleció anoche, de un ataque al corazón”.

Mel no se lo creyó, así que ideó un plan. Esperó a que llegase la hora del almuerzo y aprovecho a que los sanitarios estuviesen en el comedor. Entonces se aseguró de que no hubiese nadie en ese momento. Se acercó al almacén de aquella planta y recuperó su teléfono. Le contó a su madre lo que sucedía, que no la dejaban ir a verla.

Una enfermera asesina

Preparó sus cosas para fugarse esa misma noche, sin averiguar qué pasaba allí dentro. Esperó a que la enfermera volviese a por otro de los pacientes para llevárselo y decidió seguirles. Vió como lo anestesiaba antes de entrar en uno de los quirófanos, y se asomó al cristal de la puerta. Había también un cirujano. Ambos, agarraron dos grandes sierras y descuartizaron al hombre.

Después, sacaron su corazón, su hígado y riñones y los pusieron en una caja. Entonces la enfermera vio a Mel horrorizada tras el cristal. Solamente se dedicó a sonreírle cubierta de sangre y leyó en sus labios:

“Tu eres la siguiente”.

Mel salió corriendo del hospital, y llamó a la policía. Aquello fue un escándalo público y acabaron arrestando a la enfermera y al cirujano. Ellos declararon que no eran los únicos que se dedicaban a esto, pues había toda una red de tráfico de órganos que nunca lograrían parar.

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