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El juego de la sonrisa

El juego de la sonrisa

Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

El juego de la sonrisa nos cuenta que era el cumpleaños del hermano de Marta y le tenían preparada una fiesta sorpresa. Ya habían llegado sus amigos, tíos y demás familiares y estaban escondidos.

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El juego 

Cuando su hermano llegó a casa, todos gritaron “SORPRESA” sin embargo, al joven le había pasado algo, ya que tenía una expresión triste. Todos siguieron con la fiesta, y Marta notó la ausencia de su hermana pequeña, por lo que decidió subir a la planta superior.

Cuando pasó por el pasillo, su primo salió de una de las habitaciones y le preguntó si quería jugar al juego de la Sonrisa. Marta no lo conocía, pero aceptó, ya que le apetecía entretenerse con alguien. Su primo dio un salto y le hizo entrar a su cuarto, donde encontró también a su hermana.

La abrazó y el primo les dijo en alto “para empezar a jugar hay que vendarse los ojos y hacer lo que diga el anfitrión, que, en este caso, soy yo, ya que os he invitado a jugar conmigo”. A Marta no le gustaba la idea de vendarse los ojos, así que no los tapó del todo, dejando la parte de abajo un poco levantada, para poder ver un pellizco.

El cuchillo

De esta manera, pudo observar que el muchacho, cuando los tres tenían los ojos vendados, se había quitado la tela de los ojos y estaba buscando algo debajo de la cama. Marta, fingiendo no ver nada, le preguntó qué hacía. Pero el joven solo se reía de forma macabra.

De pronto, sacó un cuchillo muy afilado, entonces, rápidamente Marta se quitó la venda y le ordenó que se lo entregase. Cuando quiso quitarle el cuchillo de las manos, el muchacho la empujó con fuerza. Su cara parecía la de un Psicópata y sin dejar de reis y mirándola fijamente comenzó a cortarse la boca por las comisuras, dibujándose una larga sonrisa de sangre.

El joven se acercó lentamente a la niña pequeña, ofreciéndole el cuchillo para que hiciera lo mismo. Pero Marta le dio una patada impidiendo que se acercara a su hermana. El joven se levantó rápidamente del suelo y comenzaron a pelearse.

La sonrisa

El insistía en que debía de continuar con el juego, ya que ella había aceptado. En medio del forcejeo, el joven le clavó el cuchillo en la espalda a Marta. Ella solo pudo gritar a su hermana que escapase y que llamara a sus padres. Mientras caía la sangre de su dorso, su primo se agacho y le miró fijamente mientras susurraba “a esa carita le falta una sonrisa”. Y de repente todo se volvió negro.

Marta se despertó en el hospital rodeada de sus padres y su hermano mayor. Intento hablar, pero no podía, tenía una venda que le tapaba toda la parte inferior del rostro. El doctor entró y le quitó el vendaje, les dijo a todos que la imagen podría impactarles, todavía no sabía con certeza como cicatrizarían las heridas.

Cuando le quitaron la tela, los padres y el hermano de Marta quedaron petrificados; le dieron un espejo a la joven y ella solo pudo gritar de espanto. Tenía la misma sonrisa que el psicópata de su primo. Marta le contó a sus padres que todo había sido culpa del joven.

El accidente

Ellos se miraron entre sí, y le dijeron que su primo no estaba en la fiesta, querían contárselo al finalizar la celebración. Sus tíos y su primo habían tenido un accidente en el camino, y la tía era la única superviviente. Su hermano mayor acababa de conocer la noticia cuando entró en casa y descubrió la fiesta sorpresa, por esa razón estaba tan triste y apartado.

Semanas más tarde la tía de Marta fue a visitarla y le llevó un libro que se llamaba “el juego de la sonrisa”. La joven sabía que aquello no podía ser una coincidencia, y rápidamente leyó la primera página. Allí se explicaba que el juego era un ritual que mantenía a los espíritus en el mundo terrenal.

El espíritu engañaba a los humanos haciéndose pasar por otro mortal y les incitaba a jugar. Después, les cortaba la boca dibujándoles una gran sonrisa. De este modo, les maldecía y les quitaba el alma, para poder continuar vagar por su mundo. En el final del libro, aparecían las fotos de varias personas con la misma sonrisa que tenía ella. Marta no podía parar de soñar en el juego y en su primo. Nunca más pudo volverse a mirar en un espejo y ver el resultado del juego de las sonrisas.

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