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¿Quieres ser mi mama?

¿Quieres ser mi mama?

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

¿Quieres ser mi mama? Esta historia comienza con Amanda una madre soltera. Se había divorciado de su marido hacía 3 años, y era inmensamente feliz viviendo con su hija Anita. Tenía una buena relación con su expareja. El divorcio había sido amistoso y la niña podía visitar a su padre cuando quería.

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El regalo perfecto 

Por su sexto cumpleaños, la pequeña pidió como regalo una muñeca que hablaba. La había visto en un anuncio publicitario y se quedó totalmente alucinada. La muñeca podía hablar, reír y llorar. La niña era muy obediente y responsable, así que cuando llegó su aniversario, Amanda la sorprendió con la muñeca que tanto pedía.

Aunque tuvo muchos regalos, fue el que más ilusión le hizo. No se despegaba de su nuevo juguete. Los días fueron pasando y Amanda se dio cuenta de que, aunque en la caja de la muñeca ponía que decía muchas frases, ella siempre escuchaba la misma “¿Quieres ser mi mama?”.

Pensó que quizá venía defectuosa. Sin embargo, su hija estaba tan contenta con ella, que le dio igual, y decidió no devolverla. Y de repente, una noche mientras dormía, sintió como alguien se recostaba en su cama. Supuso que era su hija, que a veces tenía pesadillas y le daba miedo dormir sola.

El susto

Pero al abrir los ojos y darse la vuelta vio la muñeca de Anita. Se asustó tanto que dio un grito que resonó en toda la casa. Y unos segundos más tarde apareció la pequeña en su puerta. Amanda le preguntó porqué había puesto la muñeca en su cama, pero su hija le dijo que no había sido ella. No quiso darle mucha importancia, quizá la niña se había levantado sonámbula y no recordaba haberlo hecho.

La invito a meterse en su cama con ella, así podrían dormir las tres juntas. Al día siguiente, mientras cocinaba, empezó a escuchar un llanto, venía de la habitación de su hija. Se apresuró a ver lo que le ocurría, pero no era ella.

El llanto venía de la muñeca. “¡Vaya, parece que, si funcionan las otras funciones”, pensó! Ya que había subido, aprovecho para darle un beso a su hija. Pero al acercarse vio que tenía unas tijeras en la mano y estaba agujereando el ojo de la muñeca. Amanda le quitó rápidamente las tijeras y la regañó. Su hija nunca había hecho esas travesuras. “Mami, la muñeca es mala”.

La muñeca maldita 

“Me dice cosas feas y dice que me va a quitar a mi mamá”, dijo entre gritos Anita. La madre decidió quitarle la muñeca. Se había asustado mucho al verla con las tijeras, podía haberse hecho mucho daño. Además, al juguete se le había quedado un aspecto bastante tétrico, tenía varios arañazos en la cara y un gran agujero en el ojo.

Amanda pensó que debía arreglarlo, así que cosió un pequeño trozo de tela, y le puso un parche “¿Quieres ser mi mama?” escucho a sus espaldas mientras iba de camino a la cocina.

 “Siempre seré tu mama, Anita, aunque te regañe te querré siempre” dijo. Esa noche volvió a sentir que alguien se metía en su cama. Escucho la voz de su hija decir “¡Mami, ayúdame por favor!” Se giró para abrazarla cuando noto un tacto frío.

Era la muñeca, pero tenía la voz de su hija. “¡Te dije que era mala, mamá! ¡Socorro!” Amanda se levantó de un salto de la cama. En la puerta apareció Anita, con unas tijeras en la mano y sangre en un ojo. Se quedó mirándola fijamente hasta que de su boca salió una voz que no era la de su hija “¿Quieres ser mi mama?”.

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